Colombia logra la brecha de desempleo de género más baja en una década

Enviado por nuevoadmin el 18/03/2026
18/03/2026
brecha de desempleo

La diferencia entre desocupación de hombres y mujeres cayó a 5,2 puntos, impulsada por nuevos empleos formales y programas de cuidado.

 

El mercado laboral en Colombia está dando señales de un cambio importante para las mujeres. Según el reporte más reciente del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), la brecha de desempleo entre hombres y mujeres se redujo a 5,2 puntos porcentuales. Esta cifra es la más baja registrada en los últimos diez años, lo que indica que, aunque persiste una diferencia, el camino hacia la equidad laboral se está acortando de manera real.

 

Para entender este número, hay que mirar el contexto: mientras el desempleo general se mantiene estable, la velocidad con la que las mujeres consiguen trabajo ha aumentado. En el último año, se crearon más de 324 mil nuevos puestos de trabajo ocupados exclusivamente por mujeres. Este fenómeno ha permitido que la distancia frente a la desocupación masculina pase de niveles de doble dígito a una cifra mucho más cercana y manejable.

 

El peso de la economía del cuidado

 

Uno de los motores de este avance es el reconocimiento de la economía del cuidado. Históricamente, muchas mujeres no podían buscar empleo porque debían atender solas el hogar o a familiares enfermos. Con la creación de centros de cuidado infantil y asistencia a adultos mayores en diversas regiones, miles de colombianas han recuperado tiempo propio. Esto les permite hoy salir a buscar un salario, capacitarse o incluso formalizar sus propios emprendimientos productivos.

 

La estrategia también ha llegado a las zonas rurales y municipios más afectados por el conflicto. A través de incentivos estatales, se ha priorizado la contratación de madres cabeza de familia en obras públicas y proyectos locales. No se trata solo de dar un subsidio, sino de integrar a la mujer al sistema productivo para que tenga autonomía económica. Este enfoque territorial es clave para que las cifras de las ciudades se reflejan también en el campo.

 

Por otro lado, la formación en habilidades digitales ha abierto puertas que antes estaban cerradas. El Ministerio de las TIC ha certificado a miles de ciudadanas en programación y servicios tecnológicos, sectores que hoy demandan mano de obra y ofrecen flexibilidad. Al aprender estas herramientas, muchas mujeres han pasado de la informalidad a empleos con contrato, salud y pensiones, lo que mejora la calidad de vida de sus familias a largo plazo.

 

Un impulso al crecimiento del país

 

El impacto de tener a más mujeres trabajando no es solo social, sino profundamente económico. Expertos coinciden en que, al integrar a la mitad de la población al mercado laboral, el consumo interno crece y la pobreza disminuye. Una mujer con ingresos propios suele invertir más en la educación y salud de sus hijos, lo que genera un beneficio en cadena que fortalece la estabilidad financiera de todo el territorio nacional.

 

Sin embargo, el reto de la calidad sigue sobre la mesa. No basta con que las mujeres tengan empleo; es necesario que reciban el mismo pago que un hombre por la misma tarea. El Gobierno Nacional ha iniciado mesas de diálogo con el sector privado para eliminar el "techo de cristal" y promover que más mujeres lleguen a cargos directivos. La transparencia en los salarios es hoy una prioridad para garantizar justicia en las oficinas.

 

El avance de Colombia no ha pasado desapercibido para organismos internacionales como la OCDE, que ven en estas políticas un modelo para la región. Al reducir las barreras de entrada al trabajo, el país se vuelve más competitivo y atractivo para la inversión extranjera. El uso eficiente del talento humano, sin distinción de género, es la herramienta más poderosa que tiene la nación para enfrentar los desafíos económicos que vienen en el futuro.

 

Finalmente, aunque los 5,2 puntos de brecha son un hito histórico, la meta de llegar a cero sigue siendo el norte. El desafío actual es mantener esta tendencia frente a las fluctuaciones del mercado y asegurar que la informalidad femenina, que sigue siendo alta, continúe bajando. El progreso es visible, pero la consolidación de un mercado laboral verdaderamente equitativo requiere que el esfuerzo entre el Estado, las empresas y la ciudadanía no se detenga.